El pasado 30 de abril conocimos las estimaciones preliminares del PIB al primer trimestre para varios países de la OCDE. Los reportes dejan ver una economía de México que se contrajo en sus tres sectores, mientras que Estados Unidos presenta un crecimiento sólido. Siendo México el principal socio comercial de Estados Unidos y estando ambas economías integradas profundamente desde hace 35 años, llama la atención el desacoplamiento de la economía mexicana.
La Oficina de Análisis Económico de EU publicó la estimación preliminar del Producto Interno Bruto ajustado a la inflación, que aumentó un 2% anualizado en el primer trimestre, (+0.5% trimestral) después de que el cierre del Gobierno Federal, el más largo de la historia, limitara el crecimiento en los últimos meses de 2025.
Al descomponer el crecimiento económico de EU se destaca la inversión empresarial basada en la inteligencia artificial. Los gastos empresariales en equipos e infraestructuras avanzaron 10.4% anualizado, el nivel más alto en casi tres años durante el primer trimestre.
Por su parte, el gasto de los consumidores, que representa aproximadamente dos tercios de la actividad económica, aumentó a un ritmo mejor de lo esperado, a 1.6%, impulsado por la demanda de servicios, incluidos los servicios de salud y financieros.
La economía estadounidense se ha mantenido sorprendentemente firme hasta ahora. Sin embargo, la situación geopolítica y la inflación creciente podría frenar el crecimiento si los consumidores. Las devoluciones de impuestos han permitido sostén el gasto de consumo, a pesar del incremento en los precios de la gasolina, de la electricidad, del gas y de la turbosina.
El índice de precios al consumo personal (IPCC), la medida de inflación preferida por la Reserva Federal, subió un 0.7% el mes pasado, el mayor incremento desde 2022. El índice registró un alza del 3.5% con respecto al año anterior. Desde entonces, los precios de la gasolina han estado subiendo.
Los integrantes del Comité Federal de Mercado Abierto de la Reserva Federal mantuvieron sin cambios los tipos de interés el miércoles, pero revelaron una creciente división sobre las perspectivas de la política monetaria en medio de la creciente incertidumbre causada por la guerra con Irán.
Parte de la desaceleración del consumo también podría deberse al crudo invierno que azotó gran parte de Estados Unidos a principios de año. El gasto ajustado a la inflación aumentó un 0.2% en marzo en comparación con el mes anterior, ya que los consumidores destinaron fondos a la compra de bienes como automóviles y muebles para el hogar.
En el caso de México, después de 18 meses de caída en la Inversión Fija Bruta, la estimación preliminar del PIB al primer trimestre, de acuerdo al INEGI, fue de una contracción del 0.8% trimestral, más negativa que la estimada por el mercado (-0.6%) y contrastante con el crecimiento de +0.9% trimestral del último trimestre del 2025.
Por dentro, los tres sectores presentaron contracciones trimestrales, lo que acerca el diagnóstico de la economía a la definición de recesión, cuando la caída en la actividad es generalizada, sostenida en el tiempo y profunda. El sector primario cayó en 1.4%, la industria -1.1%, y los servicios -0.6%.
En términos anuales, INEGI estima preliminarmente que el PIB creció apenas un 0.2% anual, el sector primario bajó -0.1%, la industria cayó 1.1% y los servicios aumentaron en +0.9% anual. Es previsible que con estos datos veamos revisiones a la baja en las expectativas de crecimiento por parte de los analistas del sector privado.
Muy preocupante es también la contracción en los ingresos del sector público, que según el reporte trimestral de la Secretaría de Hacienda, cayeron 0.6% en términos reales durante el primer trimestre. Los ingresos petroleros disminuyeron 9.4% durante los tres primeros meses del año, debido al fortalecimiento del peso mexicano en el periodo. La perspectiva de la Calificación de México depende de que logremos reducir el déficit fiscal en este año al 4.1% del PIB y en el futuro al 3%.
Es un hecho que la combinación de factores externos, como la incertidumbre respecto a los aranceles y a la negociación del T-MEC, más los efectos de la guerra de Medio Oriente, y las acusaciones recientes a funcionarios del Estado mexicano por parte de fiscales americanos, más factores internos como la inseguridad, la falta de Estado de derecho, y la destrucción de la superestructura institucional, son factores que han llevado a la cautela de la inversión.
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