Los ataques de Israel contra Líbano han hecho tambalear la tregua en Irán. El gobierno de Benjamin Netanyahu, respaldado por Estados Unidos, aseguró que este país no está incluido en el alto al fuego, aunque Teherán afirma lo contrario. Netanyahu ordenó el jueves buscar un diálogo directo con Líbano, que puso como condición un “cese directo” a las hostilidades. Las conversaciones se llevarán a cabo en el Departamento de Estado en Washington, de acuerdo con una fuente.

Líbano, sin embargo, no necesitaba del conflicto armado para estar en crisis , pues su economía y política interna son débiles desde hace por lo menos una década.
Israel y Líbano, una relación marcada por el conflicto Israel y Líbano tienen una historia compartida. Líbano, que pasó por el control de varios imperios a lo largo de la historia, obtuvo su independencia de Francia en 1943.
Israel fue fundado como Estado en 1948. Desde entonces, comenzó la enemistad entre ambos. Líbano participó en la
guerra árabe-israelí de 1948 contra Israel, pero fue el primer país de la Liga Árabe en manifestar su deseo de un tratado de armisticio. El período más turbulento en las relaciones binacionales fue durante las décadas de 1970 y 1980, a raíz de la
Guerra Civil Libanesa. Durante las primeras etapas del conflicto, Israel se alió con las principales milicias cristianas libanesas, que lideraron el gobierno libanés a principios de la década de 1980. En 1982,
Israel invadió Líbano por primera vez. Entonces, llegó hasta Beirut. Propició la creación de la milicia proiraní Hezbolá. Durante este conflicto ocurrieron las masacres de Sabra y Chatila. Entre 1985 y 2000, el Estado hebreo mantuvo una “zona de seguridad” de 19 kilómetros al interior de su vecino. Un nuevo conflicto estalló en
2006, después de que combatientes de Hezbolá lanzaran cohetes sobre las poblaciones fronterizas israelíes, entre ellos un ataque con proyectiles antitanque a dos vehículos blindados ligeros Humvee que patrullaban en la frontera vallada. Tres soldados israelíes murieron y otros fueron tomados rehenes. Israel respondió con bombardeos. La guerra terminó con
la resolución 1701 de las Naciones Unidas, que incluía medidas para garantizar la paz entre Israel y Hezbolá, aunque no han sido respetadas por las partes a cabalidad.

Líbano fue arrastrado a la guerra en Medio Oriente el 2 de marzo, cuando Hezbolá lanzó una serie de misiles contra Israel como represalia a la muerte del líder supremo Ali Jamenei. Desde entonces, más de 1,800 personas han muerto, 330 solo en los ataques del miércoles, posteriores a la tregua con Irán, de acuerdo con el Ministerio de Salud Libanés.
Una crisis económica Los constantes conflictos con su vecino no son la única preocupación de los libaneses. El país atraviesa una crisis económica y financiera grave desde hace 2019. La
deuda del gobierno con respecto al PIB en Líbano promedió el 163.8% del PIB desde 2000 hasta 2024, alcanzando un máximo histórico del 358.2% del PIB en 2021, de acuerdo con información del Fondo Monetario Internacional. Este endeudamiento ha sido provocado por el gasto irresponsable de los gobiernos libaneses posteriores a la guerra civil de la década de 1970. Algunos economistas han descrito el sistema financiero del Líbano como un esquema Ponzi regulado a nivel nacional, en el que se toma deuda nueva para pagar a los acreedores existentes. Funciona hasta que se agota el flujo de nuevos recursos.. Después de la guerra civil, el
Líbano equilibró sus libros con los ingresos por turismo, la ayuda extranjera, las ganancias de su industria financiera y la generosidad de los estados árabes del Golfo, que financiaron al Estado al reforzar las reservas del banco central. Para mantener la estabilidad y un tipo de cambio fijo frente al dólar, el
Banco Central libanés ofreció tasas de interés extremadamente altas a los bancos comerciales. Estos atrajeron depósitos masivos en dólares de la
diáspora libanesa, que luego prestaban al Estado para financiar un gasto público ineficiente y plagado de corrupción. Este modelo funcionó mientras el flujo de dólares hacia el país fue constante. Sin embargo, la parálisis política, el impacto de la guerra en la vecina Siria y la disminución de las remesas empezaron a secar las reservas de divisas.

Una de sus fuentes más confiables de dólares fueron las remesas de los millones de libaneses que se fueron al extranjero para encontrar trabajo. Incluso en la crisis financiera mundial de 2008, enviaron dinero en efectivo a casa. Pero las remesas comenzaron a disminuir a partir de 2011, debido a los conflictos internos del país. Su buena relación con los países del Golfo también se enfrió con el tiempo, debido a la mayor influencia de Hezbolá, un grupo apoyado y financiado por Irán. El punto de quiebre ocurrió en octubre de 2019, cuando el anuncio de un impuesto sobre las llamadas de WhatsApp desencadenó protestas masivas en todo el país. La desconfianza en el sistema provocó una corrida bancaria; los bancos cerraron durante semanas y, al reabrir, impusieron restricciones informales de capital. La crisis se agravó profundamente con la pandemia de covid-19 y la devastadora explosión en el puerto de Beirut en agosto de 2020. En marzo de ese mismo año, Líbano entró en default (impago) de su deuda externa por primera vez en su historia. Ese año, la libra libanesa perdió el 90% de su valor, lo que disparó la inflación y sumió a más de las tres cuartas partes de la población en la pobreza.
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