El próximo 15 de mayo concluye el segundo mandato de Jerome Powell como presidente del Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed). Así, con la decisión de política monetaria que será anunciada hoy, lo más probable es que concluya también su labor como presidente del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC).
Powell ha sido miembro de la Junta de Gobierno del Fed desde el 25 de mayo de 2012 y presidente de este banco central desde el 5 de febrero de 2018. Una evaluación de su desempeño como presidente admite diversos ángulos, no todos ajenos al debate.
Tal vez el criterio más objetivo sea el grado de cumplimiento del mandato dual del Fed, consistente en máximo empleo y estabilidad de precios. Tomando como estadísticas básicas los promedios de la tasa de desempleo y la inflación anual, medida con el Índice de Precios del Gasto en Consumo Personal, Powell alcanzó razonablemente el primer objetivo, pero quedó por debajo en el segundo.
Específicamente, durante su gestión el desempleo se ubicó en 4.4 por ciento, solo dos décimas por encima de la proyección más reciente del FOMC para la tasa de desempleo de “más largo plazo”, congruente con la estabilidad de precios. Por el contrario, la inflación se situó en 3.0 por ciento, una desviación considerable respecto del objetivo de 2.0 por ciento.
Una comparación con los resultados de los cuatro presidentes del Fed anteriores complementa esta evaluación. Jerome Powell, junto con Janet Yellen, logró el nivel más bajo de desempleo, mientras que Paul Volcker registró el más alto (7.5 por ciento). Sin embargo, Powell obtuvo la segunda inflación más elevada, solo superado por Volcker (4.7 por ciento).
Los resultados anteriores no toman en cuenta los desafíos que enfrentó Powell para cumplir con el mandato dual, los cuales ocurrieron en rápida sucesión: el colapso derivado de la pandemia, el resurgimiento de la inflación, el estrés bancario y el reto del “aterrizaje suave” en curso. Si bien Powell no ha sido el presidente del Fed con los mejores resultados en materia inflacionaria, su actuación puede considerarse positiva en varios aspectos.
Durante la pandemia, la política monetaria contribuyó a que la recesión fuera breve y el desempleo disminuyera de forma acelerada. Una vez que la inflación mostró ser persistente, Powell actuó con firmeza, implementando el ciclo de ajuste monetario más rápido en décadas. La inflación anual pasó de 7.3 por ciento en junio de 2022 a 3.0 por ciento en octubre de 2023, mientras que el desempleo se mantuvo relativamente estable, alcanzando mínimos históricos.
Además, actuó con oportunidad ante el estrés bancario de 2023, cuyo epicentro fue California, y que involucró la segunda y cuarta quiebra bancaria más grandes de Estados Unidos. En su papel de “prestamista de última instancia”, el Fed ofreció liquidez inmediata y creó un programa de fondeo de largo plazo para los bancos. Adicionalmente, garantizó los depósitos bancarios más allá del límite regulatorio, lo cual podría haber generado un problema de “riesgo moral”. En poco tiempo, estas medidas ayudaron a disipar el peligro de una desconfianza generalizada en el sistema bancario.
Asimismo, Powell demostró un claro compromiso con la independencia del Fed, especialmente frente a las extraordinarias críticas del presidente Trump, quien presionaba por tasas de interés más bajas. Con una notable capacidad de comunicación, Powell enfatizó repetidamente la independencia del Fed y la necesidad de basar la política monetaria en datos económicos, no en presiones políticas. Esta determinación fue evidente en el apretamiento monetario de 2022 a 2024, que envió una fuerte señal de autonomía bajo presión.
La era de Powell no está exenta de debilidades. Quizá la más importante haya sido el error de considerar el aumento inflacionario posterior a la pandemia como un fenómeno transitorio, lo cual retrasó el inicio del ciclo de apretamiento monetario hasta un año después de que la inflación rebasó el objetivo. En parte, este retraso podría haber sido resultado del marco de política monetaria instaurado en 2020, en el que, entre otros cambios, se adoptó un enfoque de “objetivo de inflación promedio” y se dio mayor énfasis a alcanzar el máximo empleo de manera inclusiva. Las deficiencias de este marco se corrigieron con un nuevo esquema en 2025.
Powell deja a su sucesor importantes pendientes que, entre otros, incluyen llevar la inflación al objetivo de forma permanente, preservar el aterrizaje suave sin un fuerte aumento del desempleo, fortalecer la credibilidad del Fed y afrontar de inmediato la presión política. Kevin Warsh, candidato a suceder a Powell, ha planteado diversas iniciativas de reforma, cuya implementación dependerá de un análisis objetivo sobre su conveniencia y viabilidad y, principalmente, de su liderazgo al frente del Fed.
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